Resumen
- Jugamos las primeras horas de Vampire: The Masquerade – Bloodlines 2 y quedamos con ganas de más.
- Jugar como el vampiro Elder Nomad en el Seattle moderno a veces se siente como una clásica película de detectives noir.
- Vampire: The Masquerade – Bloodlines 2 se lanzará el 21 de octubre de 2025 en Xbox Series X|S.
Ahí estaba yo, entrando en un bar subterráneo y decadente, donde el aire olía a una mezcla de colillas de cigarro, alcohol rancio y sueños rotos. Estaba ahí para hablar con Fletcher, el dueño del lugar, que sentado solo frente a un piano en la esquina tocaba notas melancólicas con la esperanza de que formaran una melodía memorable. Una pista me había llevado hasta él: algo sobre cómo una chica mortal había tropezado con el conocimiento de la Mascarada, ese elaborado velo de engaños mantenido por la Camarilla para convencer a los humanos de que los vampiros no existen. ¿Cómo se enteró? Y más aún: ¿cómo puedo hablar con ella si ya estoy muerto?
Así cerraron mis tres horas con el cautivador Vampire: The Masquerade – Bloodlines 2, justo cuando comenzaba a destapar las capas de un misterio mayor que se desplegaba durante mi tiempo con el juego. Con una narrativa que en ocasiones parecía sacada de clásicos del cine noir como The Maltese Falcon y Double Indemnity (algo que no esperaba), además de la enorme riqueza del universo World of Darkness, quedé profundamente impresionado por todo lo que jugué y ahora espero con ansias su lanzamiento el 21 de octubre de 2025 en Xbox Series X|S.
Vampire: The Masquerade – Bloodlines 2 es la secuela del título de culto Vampire: The Masquerade – Bloodlines. Los fans la han esperado por años, y ahora, con The Chinese Room (Still Wakes the Deep, Dear Esther) al mando, este ARPG en primera persona está cerca de hacerse realidad. Y, con base en lo que jugué hasta ahora, puede que haya valido toda la espera.

Horas antes de investigar el bar de Fletcher, mi aventura había comenzado en la piel de un vampiro totalmente distinto, en un edificio abandonado, despertando de un letargo de 100 años gracias —o más bien por culpa— de la linterna de un guardia de seguridad apuntándome directo a los ojos. No pasó mucho antes de que diera mi primer mordisco en su cuello desprevenido, cuando una voz incorpórea irrumpió en mi cabeza: era Fabian, un vampiro Malkavian, que asegura ser un detective y haberse asignado un nuevo caso: encontrar su propio cuerpo. Hasta entonces, estaría atrapado dentro de mi mente.
Fabian se convierte en una especie de narrador omnipresente, canalizando un estilo entre James Cagney, William Holden y Humphrey Bogart. Aporta contexto útil sobre el universo del juego y, al mismo tiempo, funge como el catalizador de la historia en estos primeros compases.
Fue también en este inicio donde comencé a dominar mis habilidades vampíricas: alimentarme de enemigos y moverme rápidamente por ese destartalado edificio. Cómo y por qué mi personaje terminó ahí es algo que deberá esperar. Incluso en esta zona inicial ya se siente la importancia que tendrán el sigilo y el movimiento para sobrevivir en Bloodlines 2: usar sentidos agudizados para ver a través de paredes y detectar calor corporal, planear sobre abismos o trepar rápidamente por huecos de ascensores para evitar a los guardias adicionales que llegan a la escena.

Aquí también conocí mi habilidad favorita: la telequinesis. Puede usarse para resolver puzles ambientales como arrancar tablones de madera o lanzar botellas para distraer, pero también en combate: arrojando bates de béisbol, atrayendo enemigos hacia mí o recogiendo armas para dispararlas. Lo interesante es que no puedes “retener” esos objetos: eso deja tus garras listas para destrozar.
El combate se centra en el cuerpo a cuerpo, con ataques asignados a RB y esquivas a LB. No puedes resistir muchos golpes, así que la agilidad es clave en cada enfrentamiento. Más adelante, al incrementar tu poder vampírico, desbloquearás más habilidades que enriquecerán tu estilo de juego.
Los jugadores elegirán su clan de vampiros, incluyendo Banu Haqim, Tremere, Brujah y Ventrue, cada uno con atributos únicos. Elegí a los Ventrue porque me atrajo su capacidad de manipular enemigos: hacer que se ataquen entre sí o que olviden que yo estaba presente. ¡Bastante útil para un rol vampírico!

Entre las primeras habilidades que desbloqueé estuvieron Flesh of Marble, que endurece la piel tras alimentarte (ideal en medio de un combate), y Terminal Decree, que convence a un mortal de romperse el cuello. Estas habilidades tienen un uso limitado, y debo alimentarme de enemigos para recargarlas.
En cuanto a la historia, la razón por la que puedo acceder tan pronto a poderes tan fuertes es porque soy conocida como la Nomad, una vampira ancestral famosa por hazañas legendarias —aunque no están del todo claras al inicio—, lo que me da una reputación desde el comienzo y abre opciones de diálogo diferentes con otros personajes.
Tras asignar algunos rasgos iniciales, salí a las calles de Seattle en una noche nevada, en el distrito internacional. Como residente real de la ciudad, me sorprendió lo fiel que se siente la representación: incluso si aquí la nieve no dura tanto y faltaba mi tienda de bubble tea favorita. El diseño de calles, callejones y puntos de referencia —como la Great Wheel— hace que se sienta auténtico. Caminar entre transeúntes, ver a policías patrullando o furgonetas descargando mercancía crea una atmósfera viva.

También aquí es donde debes lidiar con la Mascarada. Las reglas vampíricas son claras: nada de mostrar habilidades sobrenaturales. No puedes flotar, saltar demasiado alto ni correr a velocidades imposibles. Cualquier movimiento extraño hará sospechar a los humanos y “romperá” la Mascarada, provocando que te ataquen (o algo peor). En una ocasión me arriesgué y salté desde un edificio frente a un humano: poco después tenía una estaca en el corazón. La Camarilla, al parecer, siempre está vigilando.
Pero el rol va mucho más allá de eso. Las interacciones con NPCs destacados son densas y ramificadas, con múltiples elecciones que alimentan un sistema de reputación (los personajes se muestran complacidos o molestos según tus respuestas). Todas las decisiones importan: las relaciones que construyas o no, y las acciones que elijas, impactarán en el juego. Bloodlines 2 tendrá múltiples finales moldeados por estas elecciones. Incluso las opciones de diálogo cambian según tu clan vampírico, y los NPC reaccionarán distinto dependiendo de tu atuendo.
Relacionado con esto, el modelado facial de los personajes es excelente, con expresiones realistas y un audio perfectamente sincronizado que da vida a la enorme cantidad de diálogos y refuerza la inmersión. Esto también aplica a tu protagonista, que está completamente doblado, lo que me hace pensar que la cantidad de líneas grabadas debe ser impresionante.

Como mencioné al principio, hay otra capa más. Más adelante en mi partida, entré en el pasado como Fabian, lo que me llevó de nuevo al bar de Fletcher. Allí probé otras habilidades vampíricas como Forgetful Mind (borrar recuerdos recientes), Mask of a Thousand Faces (convencer a alguien de que soy un aliado) y Scry the Soul (interrogar pensamientos). Todas aportan piezas de información para el caso de Fabian.
Mi breve tiempo con Vampire: The Masquerade – Bloodlines 2 me sorprendió con su profundidad de rol, la calidad del combate y su aproximación neo-noir a la narrativa —eso último no lo esperaba. Está tan bien logrado que, por momentos, podía casi oler el whisky en el aliento de Fabian. Como secuela de un clásico como el Bloodlines original, da la sensación de que The Chinese Room son el equipo perfecto para llevarnos de regreso al World of Darkness cuando Vampire: The Masquerade – Bloodlines 2 se lance el 21 de octubre de 2025 en Xbox Series X|S.